En Como aprende la gente, nos volvemos a replantear de una manera más documentada las interrogantes principales de todo docente respecto a “cómo enseñamos, cómo lo enseñamos y cómo evaluamos” en nuestro caso a nuestros adolescentes.
Estamos en una etapa de desarrollo tal que somos pioneros de una Reforma educativa en la cual podemos recoger los resultados de investigaciones sobre el comportamiento humano de tal manera que tenemos más información sobre el aprendizaje, al grado que sabemos que contenidos pueden ser enseñados a los niños a edad temprana para llevarlos de manera gradual a la solución de problemas de un grado de complejidad avanzada. Actualmente el significado de “Saber”, ha pasado de poder recordar y repetir información a poder hallarla y utilizarla (Herbert Simon, 1966).
Por otro lado existe la pregunta que nos hacemos los docentes cuando estamos en la tarea de planear nuestra actividad en clase, y nos enfrentamos ante un cúmulo de contenidos que nos dicta el programa de estudios y que sabemos que difícilmente los alumnos y el calendario nos va a permitir desarrollar de la manera más eficaz y eficientemente posible, ¿Qué cantidad de información voy a llegar a cubrir en el período de clases?, pues la magnitud del conocimiento nos hace casi imposible abarcar todo y de manera tal que se logre el aprendizaje en el alumno. Entonces es cuando vemos que la reforma integral concibe un objetivo diferente, el de ayudar a los alumnos a desarrollar las capacidades intelectuales y la comprensión básica de los principios del aprendizaje necesarios para que el alumno adquiera el conocimiento que le permita pensar de manera productiva y sea capaz de aprender por sí mismo en forma permanente.
Por otro lado los docentes deben tener claro que ya no podemos con prácticas conductistas, en donde el el aprendizaje es una consecuencia de conexiones entre estímulos y respuestas, del tipo de impulsos, tales como el hambre, y por la disponibilidad de fuerzas externas, tales como premios y castigos.
Se deben considerar las concepciones preexistentes ó iniciales que los estudiantes traen al aula, y trabajar con ellas, esto implica que se reemplace el modelo que se tiene del “niño como una vasija vacía que debe llenarse con conocimientos impartidos por el maestro”. Por el contrario, el docente debe tratar de saber cual es el pensamiento de los estudiantes, mediante el diseño de la estrategia pedagógica, que involucra tareas y el establecimiento de condiciones en el aula a través de las que pueda hacerse manifiesto el pensamiento de los estudiantes.
Así mismo debe modificarse el concepto tradicional de evaluación. El uso de la evaluación formadora continua ayuda a la reflexión de los estudiantes de tal manera que se haga visible para ellos mismos, para sus compañeros y para su profesor. Dado el objetivo de aprender con comprensión, las evaluaciones deben propiciar la comprensión, y no la mera habilidad de repetir datos o desempeñarse en destrezas aisladas. Esto a la vez permite la retroalimentación que oriente la modificación y el refinamiento del pensamiento.
Al impartir su clase, los maestros deben enseñar con profundidad sus asignaturas, dejándoles trabajos de investigación, en los cuales se elaboren preguntas que permitan al alumno reafirmar el conocimiento, tal como dejar muchos ejemplos, por lo que a través de modificar los contenidos poder ver con más profundidad menos temas. Debe haber un número suficiente de casos de estudio en profundidad, para permitir que los estudiantes asimilen los conceptos definitorios en dominios específicos contenidos en una disciplina.
En la visión contemporánea del aprendizaje la gente construye conocimiento nuevo y comprensión, tomando como base lo que ya sabe y cree. Se ve a los humanos como agentes que persiguen metas, que activamente buscan información. Llegan a la educación formal con una gama de saberes, destrezas, creencias y conceptos previos que influyen significativamente en lo que perciben acerca del ambiente, y en cómo lo organizan e interpretan. Esto, a la vez, afecta sus habilidades para recordar, razonar, resolver problemas y adquirir conocimiento nuevo.
Sin embargo los docentes debemos planteamos las siguientes preguntas: ¿En qué estrategias se deben basar para evaluar si los alumnos comprenden lo que el maestro les está tratando de comunicar? ¿Qué clase de evidencia necesitan para aceptar argumentos particulares? y ¿Cómo pueden construir sus propias teorías de fenómenos y someterlas a pruebas efectivas?
Los libros y las clases magistrales son útiles para transmitir información nueva para aprender, estimular la imaginación y despertar las facultades críticas de los estudiantes, sin embargo esto no puede ser únicamente de lo que se apoye el docente, sino debe escoger otras clases de actividades para obtener de los estudiantes información acerca de sus concepciones previas y nivel de comprensión, o para ayudarles a ver el poder del uso de estrategias metacognitivas para controlar su aprendizaje.
Para que los maestros cambien sus prácticas, es necesario que tengan oportunidades de ensayar cosas en sus aulas, y que luego reciban retroalimentación. No debe descuidarse el desarrollo de la capacidad de los maestros para juzgar el éxito de la transferencia de la técnica al aula o sus efectos en los logros de los estudiantes.
Saludos
Rebeca Villarreal
Estamos en una etapa de desarrollo tal que somos pioneros de una Reforma educativa en la cual podemos recoger los resultados de investigaciones sobre el comportamiento humano de tal manera que tenemos más información sobre el aprendizaje, al grado que sabemos que contenidos pueden ser enseñados a los niños a edad temprana para llevarlos de manera gradual a la solución de problemas de un grado de complejidad avanzada. Actualmente el significado de “Saber”, ha pasado de poder recordar y repetir información a poder hallarla y utilizarla (Herbert Simon, 1966).
Por otro lado existe la pregunta que nos hacemos los docentes cuando estamos en la tarea de planear nuestra actividad en clase, y nos enfrentamos ante un cúmulo de contenidos que nos dicta el programa de estudios y que sabemos que difícilmente los alumnos y el calendario nos va a permitir desarrollar de la manera más eficaz y eficientemente posible, ¿Qué cantidad de información voy a llegar a cubrir en el período de clases?, pues la magnitud del conocimiento nos hace casi imposible abarcar todo y de manera tal que se logre el aprendizaje en el alumno. Entonces es cuando vemos que la reforma integral concibe un objetivo diferente, el de ayudar a los alumnos a desarrollar las capacidades intelectuales y la comprensión básica de los principios del aprendizaje necesarios para que el alumno adquiera el conocimiento que le permita pensar de manera productiva y sea capaz de aprender por sí mismo en forma permanente.
Por otro lado los docentes deben tener claro que ya no podemos con prácticas conductistas, en donde el el aprendizaje es una consecuencia de conexiones entre estímulos y respuestas, del tipo de impulsos, tales como el hambre, y por la disponibilidad de fuerzas externas, tales como premios y castigos.
Se deben considerar las concepciones preexistentes ó iniciales que los estudiantes traen al aula, y trabajar con ellas, esto implica que se reemplace el modelo que se tiene del “niño como una vasija vacía que debe llenarse con conocimientos impartidos por el maestro”. Por el contrario, el docente debe tratar de saber cual es el pensamiento de los estudiantes, mediante el diseño de la estrategia pedagógica, que involucra tareas y el establecimiento de condiciones en el aula a través de las que pueda hacerse manifiesto el pensamiento de los estudiantes.
Así mismo debe modificarse el concepto tradicional de evaluación. El uso de la evaluación formadora continua ayuda a la reflexión de los estudiantes de tal manera que se haga visible para ellos mismos, para sus compañeros y para su profesor. Dado el objetivo de aprender con comprensión, las evaluaciones deben propiciar la comprensión, y no la mera habilidad de repetir datos o desempeñarse en destrezas aisladas. Esto a la vez permite la retroalimentación que oriente la modificación y el refinamiento del pensamiento.
Al impartir su clase, los maestros deben enseñar con profundidad sus asignaturas, dejándoles trabajos de investigación, en los cuales se elaboren preguntas que permitan al alumno reafirmar el conocimiento, tal como dejar muchos ejemplos, por lo que a través de modificar los contenidos poder ver con más profundidad menos temas. Debe haber un número suficiente de casos de estudio en profundidad, para permitir que los estudiantes asimilen los conceptos definitorios en dominios específicos contenidos en una disciplina.
En la visión contemporánea del aprendizaje la gente construye conocimiento nuevo y comprensión, tomando como base lo que ya sabe y cree. Se ve a los humanos como agentes que persiguen metas, que activamente buscan información. Llegan a la educación formal con una gama de saberes, destrezas, creencias y conceptos previos que influyen significativamente en lo que perciben acerca del ambiente, y en cómo lo organizan e interpretan. Esto, a la vez, afecta sus habilidades para recordar, razonar, resolver problemas y adquirir conocimiento nuevo.
Sin embargo los docentes debemos planteamos las siguientes preguntas: ¿En qué estrategias se deben basar para evaluar si los alumnos comprenden lo que el maestro les está tratando de comunicar? ¿Qué clase de evidencia necesitan para aceptar argumentos particulares? y ¿Cómo pueden construir sus propias teorías de fenómenos y someterlas a pruebas efectivas?
Los libros y las clases magistrales son útiles para transmitir información nueva para aprender, estimular la imaginación y despertar las facultades críticas de los estudiantes, sin embargo esto no puede ser únicamente de lo que se apoye el docente, sino debe escoger otras clases de actividades para obtener de los estudiantes información acerca de sus concepciones previas y nivel de comprensión, o para ayudarles a ver el poder del uso de estrategias metacognitivas para controlar su aprendizaje.
Para que los maestros cambien sus prácticas, es necesario que tengan oportunidades de ensayar cosas en sus aulas, y que luego reciban retroalimentación. No debe descuidarse el desarrollo de la capacidad de los maestros para juzgar el éxito de la transferencia de la técnica al aula o sus efectos en los logros de los estudiantes.
Saludos
Rebeca Villarreal

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